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¡¡¡AHORA!!!, ¡¡¡YA!!!, ¡¡¡INMEDIATAMENTE!!!...
¡¡¡SEGUIDME!!!
- ¿¿¿A dónde???
- Ah!... pero, ¿importa eso realmente?
¡¡¡FELICIDADES
ARIES!!!
El
día 21 de Marzo a las 02:05 horas de la madrugada el Sol
entra en el signo de Aries. Tras el recogimiento del invierno llega
la explosión de vida que encarna este signo, el primero del
zodíaco. De invierno a primavera, el yin deja paso al yang,
una vez más, dentro del ciclo continuo de energía
que conforma el universo.
Aries
encarna las exuberantes fuerzas vitales. Su planeta regente, Marte,
representa el impulso sexual, nuestra capacidad de lucha y conquista,
el instinto de supervivencia, etc... En este sentido, puede decirse
que Aries es el guerrero y pionero por excelencia. Teniendo en cuenta
el torbellino de energía que encierra, las personas que poseen
una importante carga de Aries en su carta astral están sobradas
de recursos para iniciar cualquier proyecto y conquistar cualquier
meta. (Para que me entendáis, lo difícil con Aries
no es hacer que mueva el culo, sino saber frenarle a tiempo). Aries
comienza a correr y correr, en línea recta, sin desviarse,
veloz como un tigre, corriendo, persiguiendo una meta que quizás
no sepa definir claramente, pero que intuye que está ahí,
en algún lugar... y sigue corriendo, recto, salvando obstáculos
(¿qué podría pararle?...). Aries siembra allá
donde va, pero jamás espera a recoger los frutos. No busca
el aplauso, aunque es un gran líder; no busca quedarse, busca
correr. Un día empieza a descubrir que no busca metas...
Otro día entiende que su objetivo es el movimiento. Y sigue
corriendo porque busca sentir la fuerza del viento en la cara.
No
esperes que Aries te ame para toda la vida (aunque puede hacerlo),
ni que busque echar raíces. Es apasionado y vital, el primer
signo de fuego. No se andará con rodeos para decirte que
le encantaría dormir contigo, ni para expresarte que te quiere,
ni para explicarte que necesita seguir adelante. Aries no anda el
camino, lo corre, lo exprime, viviendo intensamente a cada instante.
Risa,
volcán, calor, aventura, independencia, frescura... Cuando
Aries se enfada, uno lo nota. Y no puede decirse que sea precisamente
suave en sus formas. Podrá pegarte un grito (casi seguro
será más de uno) y ponerte a parir. Eso sí,
a los diez minutos no se acuerda ni del motivo de la discusión,
y ahí lo tienes, con esos ojos brillantes y la sonrisa clara
que te recuerdan que, aunque quieras, no puedes evitar perder la
cabeza por esa persona inquietante, con mala leche, muchas veces
imprevisible, pero que llena los cuartos de alegría y luz.
El
inicio, el despertar, el aquí y ahora... la primera explosión
de vida... Aries.
¡¡¡Felicidades
guapos!!!
(Sí, vale, ya lo se... se me nota un poco que me gusta Aries
¿qué pasa?...).
Hasta
la próxima.
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