|
¡¡¡FELICIDADES
SAGITARIO!!!
Bueno,
bueno... sí tenemos aquí a los niños mimados
del zodíaco, a los ahijados de Júpiter, planeta considerado
como el gran benéfico a nivel astrológico. Claro,
así yo también quiero seguir cumpliendo años
y celebrando uno más. ¡Que le vamos a hacer! También
en el mundo de la astrología hay quienes nacen con estrella
(faltaría más...) y, aquí los tenemos; sin
duda, son ellos... ¡Felicidades, Sagitario!
Antes
de que algún Leo, Escorpio o Capricornio se apresure a contactar
conmigo para pedirme rápidas explicaciones sobre esta especie
de “debilidad cósmica” por los Sagitario, os
adelanto cuanto antes un puñado de razones:
1-
Sagitario ríe.
2- Sagitario sonríe.
3- Sagitario hacer reír... y sonreír.
4- Sagitario quiere volar-crecer-expandirse-viajar-conocer-buscar-amar-seguir
volando.
Creo
que nada sería más triste que cortarle las alas a
un Sagitario. Ahora bien, ¿de qué preocuparse?...
¿acaso alguien puede detener su vuelo?
Niños
mimados del zodíaco, protegidos de Zeus... son sólo
formas de hablar. Espero que nadie lea este artículo y piense
que la vida de los Sagitario es siempre excepcional, maravillosa
y carente de cualquier tipo de conflicto. Obviamente, esto no es
así y, sin embargo, es igualmente cierto que Sagitario es
un signo de suerte. Pero, ¿por qué?. Pocas veces se
cuenta que tras la fortuna sagitariana descansa la confianza del
Sagitario. Esa es la clave. Sagitario confía. Confía
plenamente en la vida. Confía en que las cosas saldrán
bien, de una u otra manera; confía en que está a salvo,
en que las cosas son; confía en que mirar el lado positivo
es la mejor opción.
Sagitario
confía en que Dios proveerá... y luego tiene suerte.
¿Talón
de Aquiles? Quirón, en representación de la constelación
de Sagitario, nos muestra el punto débil del signo. Siguiendo
la narración del mito, Quirón, rey de los centauros,
guía de grandes héroes, fue alcanzado accidentalmente
por el veneno mortal de una de las flechas de Hércules. Mitad
hombre, mitad caballo, la herida de Quirón afecta a su parte
equina, a su conexión con la tierra. De igual forma, la herida
incurable de Sagitario se manifiesta a través de la relación
con su cuerpo y el mundo material (espacios demasiado pequeños
para contener su espíritu).
Incluso
desde una aproximación astronómica, Júpiter
(regente de Sagitario) no puede ser considerado como un planeta
en sentido estricto, sino como una estrella de poca masa, en concreto
una estrella enana marrón. Al igual que este planeta, Sagitario
tiende a romper el molde en el que se le encierra, al final insuficiente
para contener su imparable espíritu expansivo. Las limitaciones
físicas y mundanas no están hechas para Sagitario,
quien, como el centauro, abre su arco dirigiendo la vista al cielo,
olvidando las pequeñas piedras que cubren el camino.
La
propia encarnación física y los requerimientos del
mundo material son su eterna espina. Posiblemente un precio justo
a pagar por encarnar la energía de un signo que representa
la luz y la alegría vital; un estadio intermedio, al igual
que Acuario-Prometeo, entre lo humano y lo divino (aunque eso me
lo reservo para una próxima edición).
Hasta
pronto, y por si no vuelvo antes: ¡Buen solsticio y feliz
cambio de año!
|