Yo
no creo que el dinero dé la felicidad. Más
bien creo que la felicidad da dinero.
Cuando
uno se siente feliz, todo lo demás viene rodado.
Que
no tengo trabajo, no importa, si me siento contenta, si me
siento feliz, voy a buscarlo con ilusión. Que no tengo
salud, que estoy enfermo, pues me tomaré tiempo para
cuidarme, para entenderme. Que no tengo pareja... ¡qué me
importa si soy feliz!
Si
soy feliz puedo hacer cualquier cosa, no me afecta que no
me salgan las cosas tal y como yo quisiera, soy invulnerable
al fracaso, porque estoy contenta en cualquier situación.
Imagino
una situación en la que alguien podría decir: “No
tengo dinero, estoy enfermo, no tengo nadie a mi lado... ¿por
qué voy a ser feliz?”. Pero... ¿por qué hay
que buscar razones externas para ser infeliz? ¿por
qué hay que buscar una razón para ser feliz?
Ponerle razones a la felicidad es restringir tus posibilidades
de serlo.
Las
cosas pueden venir muy duras, pero ya sabes:
-
Si tiene solución, ¿para qué te preocupas?
Ponte manos a la obra.
-
Si no la tiene ¿por qué te preocupas? Acéptalo.
Pensar
que sólo estar bien de dinero, sanarse o tener una
pareja nos pueden dar la felicidad, es condenarse a ser infelices.
La
felicidad es algo que está dentro de nosotros mismos,
y está en nuestra mano hacerlo crecer, como dice aquella
canción de Hedningarna...
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