Contemplo
el atardecer desde mi ventana. El cielo está azul y
rosa. Es muy hermoso. Recuerdo que a veces estoy triste y,
pienso ahora, mirando este atardecer, que no tengo derecho
a sentirme triste, que soy muy afortunada, una privilegiada
en un mundo patas arriba.
Sin
embargo, a veces no puedo evitar sentirme triste y egoísta
a la vez. Soy una privilegiada. Tengo calor, comida, trabajo,
dinero, un cuerpo sano, un gato recostado en mi brazo, un
hermano que se encuentra muy bien, amigos, tengo un camino
que seguir...
Desde
luego, si me siento triste no puedo pensar más que
son burbujas del pasado que han de salir para que cada vez
me vaya quedando más vacía de tristeza, para
que de una vez por todas pueda disfrutar de mi situación
privilegiada sin culpabilidad, para que ayude a los demás
hasta su orilla, para que avance en el conocimiento, la aceptación
y el silencio.
|