| A
veces me gusta observar e imaginar a las personas.
Estoy
sentada en un restaurante y miro a la gente que me rodea. Intento
imaginarme cómo son, qué hacen en la vida, qué
cosas son las que más les interesan. Intento imaginar cómo
sería si por una vez contactaran con ellos mismos, si por
un momento experimentaran su propia fuerza.
En
general, todos tratamos de agradar a las personas que nos rodean.
Queremos que nos quieran y representamos inconscientemente los papeles
que nos piden, alejándonos cada vez más de lo que
somos en realidad, perdiéndonos por el camino.
Por
eso, a mí me gusta imaginar como serían las personas
que veo a mi alrededor sin el disfraz que les oculta. Claramente,
me lo imagino, yo no sé cómo son ahora, pero sé
que son más fuertes, más independientes, más
conscientes, más libres.
Me
imagino que, por un momento, esa chica meliflua, que gesticula afectadamente
hablando con otra, siente que realmente puede hacer lo que quiera
con su vida. Me imagino que aquel chico gordito, tratando de agradar
a sus amigos, descubre es mucho más sensible de lo que él
cree y empieza a apreciar otras cosas en su vida. Me imagino que
la persona que está sentada a mi lado se siente feliz con
lo que ha elegido, porque lo ha hecho con impecabilidad, siguiendo
su corazón.
Supongo
que éste es un camino que se elige. El camino del conocimiento
personal.
Elijo
que voy a tratar de conocerme a mí mismo lo más posible,
porque quiero saber quién soy y quiero ser feliz.
|