|
En
sistemas físicos compuestos
por una gran cantidad de objetos,
la naturaleza parece favorecer el desorden frente al orden.
Es
decir, si tenemos inicialmente unos cuantos objetos ordenados de
determinada forma, y se aísla el sistema de influencias externas,
éste sistema tiende a desordenarse a medida que el tiempo
pasa.
Consideremos,
por ejemplo, una caja con dos compartimentos que contiene un gas
caliente a un lado y otro frío al otro lado
(1-a).

Figura
(1)
Si
retiramos la separación (1-b), con el tiempo, los dos gases
se mezclan íntimamente (1-c), dando lugar a un gas templado
con una única temperatura (1-d).
Al
principio, las moléculas del sistema estaban ordenadas: las
moléculas con alta velocidad (calientes) a un lado, y las
de baja velocidad (frías) al otro.
Una
vez que las moléculas se mezclan, alcanzan el equilibrio
por medio de intercambios de energía con las paredes de la
caja, y ya no están ordenadas de acuerdo a su velocidad (o
temperatura), se han desordenado.
A cada
proceso natural le corresponde un proceso inverso que no puede ocurrir
en la naturaleza.
Consideremos
el proceso inverso al ejemplo anterior.
En
una caja hay un gas a una temperatura media, de forma que la mayoría
de las partículas tienen una velocidad parecida (la más
probable), aunque hay también algunas moléculas con
velocidad algo mayor y otras con velocidad algo menor.
En
el transcurso de su movimiento aleatorio, todas las moléculas
de mayor velocidad se encuentran en el lado izquierdo de la caja
y todas las de menor velocidad se encuentran en el lado derecho.
Rápidamente
colocamos una separación y tenemos dos compartimentos: uno
caliente y otro frío.
Nunca
veremos que suceda algo así en la naturaleza. Este es un
proceso no natural. Los procesos naturales tienden a ser más
desordenados a medida que evolucionan, no a generar orden.
|