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Bueno,
ustedes sabrán (y si no lo saben yo se lo cuento) que no
hace mucho tiempo, con el descubrimiento de los minerales radioactivos,
el científico dispuso de una oportunidad única para
conocer la realidad última de la materia. Con experimentos
muy sencillos Rutherford pudo
bombardear un objetivo sólido como tú y como yo con
las emisiones del Radio. El análisis estadístico (este
un poco más complicado) le llevo a conclusiones insospechadas.
En esa época se pensaba que la materia era un salchichón
donde lo blanco era la carga positiva y lo rojo la carga negativa,
pero sus datos... sus datos afirmaban que en su mayor parte la materia
está hueca. La gran mayoría de las partículas
emitidas por el Radio atravesaban el objetivo sin enterarse, sólo
unas poquitas eran desviadas de su objetivo por pasar demasiado
cerca de una carga eléctrica de su mismo signo y unas poquitas
de poquitas eran reflejadas como consecuencia de la colisión.
Rutherford,
que era muy listo, dijo: ¡vaya, esto merece tomarse por lo
menos un segundo desayuno!, durante el cual estimo que tamaño
tenían que tener los núcleos de los átomos
para obtener un resultado como el suyo. Los resultados le quitaron
las ganas de comer. Podría citar las cifras exactas, pero
entre que no me acuerdo y lo poco que dicen como dato lo contaré
de una manera relativa. Supongamos que nos acercamos tanto a una
naranja hasta que esta sea tan grande como el planeta Tierra. Para
poder ver los átomos de la naranja tendríamos que
posarnos sobre la superficie del planeta cítrico y comprobar
que son del tamaño de cerezas. Asombroso.
Pero
aún hay más, yo diría que una cereza es bastante
sólida y este modelo seguiría pareciéndose
mucho al salchichón de Thomson. Con los nuevos datos podíamos
preguntarnos cómo es en realidad la cereza. Y aquí
Rutherford le dijo a su mujer, ¡Cari, tengo que pasar al baño!.
Si hiciéramos tan grande la cereza como la bóveda
de San Pedro en Roma, los electrones que giran en torno al núcleo
serían como motas de polvo y el propio núcleo sería
del tamaño de un grano de sal*. Acostumbrados a percibir
la realidad en formas individuales y sólidas nos encontrábamos
con que nos habían timado: el salchichón era mera
ilusión.
Esto
es importante y señala el marco del primer ejercicio práctico:
La próxima vez que vea un sugerente torso desnudo pensaré
de esta manera: ¡jolín!, para ser un 99,9% vacío,
me conmueve hasta las cejas. Con este pequeño discurso ya
nos hemos topado con el primer elemento esotérico de la realidad,
a primera vista nuestros ojos nos dicen: ese señor de enfrente
esta leyendo el periódico. Un poco más cerca veríamos
a trillones de átomos moviéndose conjuntamente y perturbando
el espacio con la propagación de sus campos eléctricos
y gravitatorios. En este punto cuestionaría lo que me dicen
los sentidos y pasaría a disfrutar un buen rato con la visión
del torso (¿quien quiere ver a un señor leyendo el
periódico?).
Ahora
bien, sin indagar más en la naturaleza del átomo,
sin mencionar los más abstrusos, casi yógicos recovecos
de la teoría de la relatividad especial, la curvatura del
espacio-tiempo, etc.. centrándonos en esa pizca de sal en
la bóveda de San Pedro en Roma (también vale su réplica
africana), podemos empezar a analizar que información oficialmente
es registrable. Para eso contamos con el instrumento de la Ciencia.
La
sociedad acepta sin problemas los descubrimientos que provienen
de la Ciencia con mayúscula. Esto me parece correcto, podemos
considerar a la señora Ciencia como una señora notaria
que avala con su sello: ¡Eh, tú, esta información
cuenta con la garantía de calidad de la Ciencia!. Y con este
sello podemos aceptar sin muchas objeciones cosas como que el momento
angular de los núcleos que forman los átomos de hidrógeno,
que a su vez forman las células del cuerpo humano, tienen
un valor diferente si la célula está sana o es cancerígena.
Esto a mi me parece igual de fuerte que el que una señora
me diga que diagnostica al eructo, sin embargo esta es una de las
más avanzadas técnicas en la física médica:
La Resonancia Magnética Nuclear.
Este
ejemplo nos puede ayudar un poco más a la hora de describir
la realidad. Si recordamos al señor del periódico
con sus trillones de átomos perturbando el espacio con sus
campos eléctricos y magnéticos, ahora tenemos indicios
de que su perturbación guarda más información
que la pensada en un principio, al menos emite cierto parte de la
salud en forma de momento magnético nuclear. En este punto
me cuestionaría dos cosas: 1 ¿sólo es el momento
magnético el que informa de cosas de ese señor?, y
2 ¿que posibilidades hay de que se emitan más datos?.
- Oki,
oki, ya lo veo, me hago un esquema por los pelos de lo que puede
ser el espacio exterior, millones de perturbaciones, perturbaciones
con informaciones, FM, AM, los móviles, la tele, los pensamientos
del señor del periódico, la información inconsciente
que posee el señor del periódico de sus hijos, sus
células, la naturaleza eléctrica de su páncreas,
es..., es..., es como un océano. Pero yo..., yo sólo
veo.
- Bueno, ya de por sí, ver es increíble.
Los
ojos ven en un rango de frecuencias de energía electromagnética
que nosotros llamamos coloquialmente el "visible" o luz.
Con esté sentido recibimos y procesamos la información
de manera transparente, como sin darnos cuenta: tienes mala cara,
estás radiante, haber si te lavas detrás de las orejas...
Por otra parte, las ondas de radio son de la misma naturaleza que
la luz, por lo que forzando el símil, nuestros ojos son un
especie de sintonizadores que afortunadamente no pillan FM, sino
el visible. Bastante hemos tenido con el cambio al euro como para
oír la radio por los ojos.
Por
otra parte al estudiar la naturaleza nos hemos dado cuenta de que
existen delfines con un melón que les funciona de sonar,
murcielaguitos con radar, olfatos muy finos, oídos muy agudos.
Es decir, existen sentidos diferentes a los cinco que reconocemos
en los humanos y existen rangos de percepción por encima
de los habituales, todos con la misma función: recibir información
para su posterior proceso y actuar en consecuencia. Pero como es
tanta la información disponible y la evolución humana
se encuentra en un estado tan primigenio, se realiza una proyección,
un acotamiento para que nuestro cerebro no se estrese. Lo cual no
quiere decir que, a medida que ejercitamos el cerebro no podamos
empezar a recibir información de otro tipo. Como siempre,
el primer paso será creer que esto es posible.
La
mejor prueba de que los sentidos se pueden trabajar, amplificar
y desarrollar las encontramos en las personas ciegas: la ausencia
de un canal tan acaparante como el visual les permite centrar su
atención en otro tipo de información no visual. De
las personas con las que he tratado son de las más sensitivas
que se pueden encontrar.
Continuará...
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