Ir a Inicio

Página Inicio > Medicina UNO

Ayuno
por Rosa 31 de Marzo de 2003

Introducción

Bien, ¿qué beneficios nos puede aportar un ayuno?, ¿por qué hacerlo?, ¿quién puede y quien no?, ¿qué precauciones debemos tener en cuenta, etc.?.

De hecho, ya ayunamos durante la noche y, cada vez que nos sentimos enfermos, lo hacemos de manera intuitiva (nuestro cuerpo es sabio). Digamos que el ayuno tiene una gran capacidad destructora de bacterias y al mismo tiempo controlan la proliferación de los virus; también potencia nuestro sistema inmunitario y aumenta la eliminación de sustancias tóxicas y patológicas.

Así pues, ayunar (vivir sin alimentos) es un componente natural de nuestra existencia.

He pensado que como continuación al artículo anterior hablásemos de cómo podemos hacer nuestro botiquín con plantas, y la naturaleza nos ofrece una gama amplísima con las que podemos elaborarlo.

 

La mejor época del año

Habitualmente, durante el invierno no suelo recomendar un ayuno a casi nadie, ya que no es el mejor momento del año. Es una época para guardar y conservar nuestra temperatura y energías. Pero, como en todo, hay excepciones. Esto vuelve a incidir en que cualquier tipo de dieta, tratamiento, etc. es personalizado.

En cambio, en primavera-verano, sí es más normal que recomiende ayunos. Es el fin del frío y el comienzo de la vida; hay mayor número de horas de sol, es el inicio de la floración, nuestra sangre circula con renovada actividad; por todos estos motivos, y por muchos más que menciono aquí mismo, puede ser muy interesante adecuar nuestra vida a la nueva estación. De la misma forma que nuestra forma de comer, de manera natural, cambia a alimentos más frescos, también podemos dar este paso con un ayuno previo.

 

Algunas razones para ayunar

¿Qué otras razones podría mencionar? Pues por ejemplo:

 

Maneras de hacer ayuno

Hay muchas maneras de hacerlo; de las más drásticas (ayuno terapéutico en clínicas especializadas) a las más llevaderas. De todas formas, cualquiera de ellas persigue el mismo fin; es casi como hacer tabla rasa y empezar de nuevo. La verdad es que la sensación es muy, muy gratificante.

Desde mi punto de vista y experiencia, los dos tipos más fáciles y próximas para cualquiera de nosotros son:

Cualquiera de los dos es igual de válido y efectivo. Pero hay una serie de ventajas y desventajas en cada uno de ellos, y dependerá de las condiciones particulares de cada persona el que se pueda decidir por uno u otro. Es decir, puede influir el que tengamos tiempo para cocinar, el que nos guste hacerlo, que por nuestras ocupaciones podamos comer en casa, etc.

Así, el de sirope puede ser muy práctico para todos aquellos que no puedan o no quieran cocinar y aquellos cuyo tiempo esté más limitado, ya que este método es muy cómodo y solo requiere llevar una botella con el preparado, que se puede dejar hecho la noche anterior. La desventaja: que es aburrido, ya que el sabor de lo que tomamos será el mismo durante todo el ayuno.

En el otro caso, podría ser al revés; es decir lo que es una ventaja sería la variación de sabores, y la desventaja el que requiera tiempo de preparación. Aunque hasta este punto, puede ser beneficioso, ya que durante los ayunos, el tiempo que dedicamos a preparar los caldos o los zumos son momentos de conexión con nosotros mismos, de participar de manera activa en nuestro cuidado.

¿Se nota mucho cual es el que más me gusta, no? Pero os puedo asegurar que es algo completamente personal y que no tiene nada que ver ni con la calidad ni con la eficacia del producto.

 

Elegir el momento

Bien, ya hemos decidido que lo vamos a intentar y estamos seguros de qué vamos a hacer, del por qué y de que lo queremos llevar a cabo. Esta concienciación previa es una aliada que nos va a acompañar desde el primer día hasta el último.

Pues bien el paso siguiente sería elegir el momento, ya que se trata de pasar unos días en contacto muy directo con nuestro cuerpo. Si podemos disponer de unos días libres para dedicarlos a nosotros mismos, olvidándonos de la agenda, el teléfono, etc., sería ideal, pero si no es así, no importa, igualmente podemos hacerlo.

Es también importante que dejemos todo lo que no es necesario, todo lo que se ha convertido en una agradable costumbre pero que nos perjudicará durante el ayuno: alcohol, tabaco, dulces, café, medicamentos que no sean imprescindibles, etc. Es mucho más fácil de lo que parece, en serio, ya que muchos de los estímulos que nos llevan a consumir todas esas sustancias están muy ligados al momento de la comida, y si ésta no existe, pues se acabó el problema. Además, durante el ayuno nuestro ritmo se ralentiza y con él nuestras dependencias.

 

Algunas preguntas frecuentes

¡Tengo miedo de pasar hambre!

Hay otro miedo que surge cuando vamos a hacer un ayuno y es la idea de sentir hambre y no poder saciarla.

Puedo garantizaros que esta sensación solo se presenta durante el primer o segundo día y en momentos muy esporádicos después, y la verdad es que se calma más fácilmente de lo que creemos.

También hay que tener en cuenta que la sensación de hambre es muy subjetiva y va a depender mucho de cómo la vivamos cada uno de nosotros; a veces, incluso, es más la necesidad de masticar que de apetito en sí.

De todas maneras, como ya he dicho, hacer un ayuno es una decisión libre y espontánea, por lo tanto, si la retirada de alimentos se vive como una obligación, despierta hambre y sentimos rechazo hacia lo que estamos haciendo, así es que: si no lo tenemos claro o preferimos dejarlo, es mejor eso que seguir conectando con el sufrimiento.

La verdad es que cuando ayunamos nuestra fuente de energía interna nos nutre totalmente, por lo tanto no debería haber “hambre corporal”. En los raros momentos en que aparece, un vaso de agua o de zumo, soluciona el problema.

¿Nos quedamos débiles?

Otra de las dudas que me han planteado en muchas ocasiones, es si durante los ayunos nos quedamos débiles y con pocas energías para llevar a cabo nuestra vida normal. Categóricamente, NO. Muy al contrario, precisamente durante estos días, nuestro cuerpo se siente vital y agradecido.

Pero como he dicho antes, y no me cansaré de repetir, cada uno de nosotros formamos un microcosmos con sus propias leyes. Puede ocurrir, que precisamente durante el ayuno, nos apetezca dormir y descansar mucho más de lo habitual; pues bien, seamos fieles a nosotros mismos, y descansemos. Como durante el ayuno aprendemos a escucharnos, dejemos que sea nuestro interior el que vaya marcando el ritmo: si tenemos sueño, durmamos; si nos apetece movernos o hacer deporte, hagámoslo. “Es decir, démonos gusto al cuerpo”.

Lo que si es cierto, es que la velocidad corporal se puede ver ralentizada en aquellos que van muy aprisa y viceversa. Pero, sentir debilidad, para nada. ¡Es estupendo, de verdad!

 

Duración del ayuno

También se plantea el tiempo que puede durar un ayuno. Pues bien, el límite es totalmente particular. Lo que sí es cierto es que durante los dos o tres primeros días el cuerpo se nutre de las reservas acumuladas (muchas más de las que pensamos, de verdad) y que es más o menos a partir del tercer día que empezamos a eliminar toxinas y a reducir nuestras reservas de grasas depositadas. Mi consejo habitual, es que sea de no menos de cinco días y no más de diez. Más largo requiere un seguimiento mucho más exhaustivo. La decisión está en vuestra manos.

 

¿Quién puede ayunar?

Pasemos a un punto que creo no debe faltar: ¿quién puede ayunar y quien no?:

 

El lugar del ayuno

Por último, ¿dónde y cuándo ayunar?. En cualquier lugar donde nos encontremos a gusto, donde haya un ambiente cálido y agradable. Donde estemos tranquilos y nos dejen tranquilos; donde no tengamos prisa. Con frecuencia nos apetecerá recogernos y no mantener demasiadas relaciones.

Si elegimos nuestra casa, que por otra parte es lo más normal, recordemos que ahí nos acechan nuestras antiguas costumbres. Si lo tenemos presente y estamos preparados para ello, adelante, que ya queda menos para empezar lo bueno.

En respuesta a la segunda pregunta, lo ideal es ayunar durante nuestro tiempo libre, planificando una semana de vacaciones. Ayunar y estar libre son conceptos que van de la mano. El ayuno precisa de libertad de las presiones y obligaciones de nuestra vida cotidiana, así como de tranquilidad, silencio y alejarnos de malos ambientes y olores.

Pero, ¡ojo!, si no se puede hacer en vacaciones, tranquilidad: busquemos una temporadita de menos trabajo y arreglado. De hecho, la rutina diaria distrae especialmente bien el deseo de comer; aunque no es distracción precisamente lo que vamos buscando, sino interiorización, pero para una aproximación al ayuno, puede ser válido.

En ambos casos, sigamos unas normas muy sencillas y disfrutaremos aún más:

 

La técnica

Ahora ya podemos hablar de la técnica del ayuno y su acción directa sobre nuestro organismo.

Digamos que durante el ayuno se producen una serie de fases que debemos tener en cuenta.

Primera Fase: Dieta blanda.

Para empezar, cualquier tipo de ayuno, debería comenzar con unos dos o tres días de dieta blanda y vegetariana suave en sentido decreciente para que nuestro cuerpo se vaya acostumbrando a la cantidad de alimento que vamos a tomar durante el ayuno propiamente dicho.

Segunda Fase: El ayuno.

Llegan los días de ayuno.

Tercera Fase: Dieta Normal.

Como finalización, 4-5 días de inicio a una dieta normal. Esta última fase es casi más importante que la previa, ya que después de varios días en los que nuestro aparato digestivo ha estado haciendo un trabajo mínimo sería muy duro y doloroso, que lo obligáramos a correr una maratón alimenticia. Al igual, que los músculos de nuestras piernas y brazos, sufriría espasmos y agujetas; así que, cuidado en este punto del proceso.

 

Ojito!

A tener cuenta: La temperatura corporal puede verse afectada a la baja, pero esto se soluciona fácilmente, abrigándonos un poquito más.

También puede alterarse nuestro sueño, y esto sí, de la manera más dispar. Lo normal es que en los primeros días se duerma peor y a medida que pasan los días, el sueño sea más reparador.

Otra cosilla importante es que como estaremos limpiando nuestro organismo, éste utilice los medios que tiene a su disposición para hacerlo, por lo tanto, nuestra orina, sudor, aliento y heces, pueden tener un olor un tanto más fuerte que el habitual así como su color. Evidentemente, cuanto más castigado haya estado nuestro cuerpo, más claras serán estas señales.

Por otra parte, un síntoma más de que el proceso de regeneración va por buen camino, es la posible aparición de granitos, el recrudecimiento de posibles trastornos tipo alergias, dolores de cabeza, eccemas, etc. Pero, vuelvo a repetir, que sobre todo se produce en los 2 primero días y como mucho en el tercero. De todas maneras si estos pequeños trastornos no remiten debemos decírselo al terapeuta que vigila el ayuno.

Tomando en consideración todo esto, está claro que algo que debemos favorecer en todo momento es el mecanismo excretor de nuestro cuerpo. Forman parte de este mecanismo: intestinos, hígado, riñones, glándulas sudoríparas y piel, principalmente. ¿Y de qué forma podemos ayudar?. Pues muy fácil. En el caso de los intestinos, como no estamos comiendo, no vamos a producir la suficiente masa fecal como para que sus paredes se muevan y sintamos la necesidad de vaciarlos, por lo tanto hay que ayudarlos un poquito con varias técnicas: un laxante mecánico tipo semillas de lino que aumenta el bolo en el intestino cuando lo mezclamos con abundante agua; irrigaciones de agua o alguna mezcla de plantas; y alguno más, que dependerá de cada uno de nosotros.

En el caso de la piel, mucha higiene y la utilización de guante de crín o algo parecido para ayudar a eliminar las pieles muertas y producir una activación de la circulación sanguínea. Después, una buena hidratación, y listo.

Para el resto de los órganos de limpieza, el agua es lo mejor. ¿Sencillo no?.

Aparte de las distintas “tomas” que haremos a lo largo del día, que nos aportarán lo suficiente para que nuestro cuerpo no tenga carencias vitamínicas y minerales, beberemos mucha agua e infusiones de distintos tipos dependiendo del momento y la necesidad.

Finalmente...

Puede que sea muy pesada, pero creo importante advertir que cualquier tipo de ayuno debe hacerse de manera controlada y vigilada, ya que cada uno de nosotros reaccionará singularmente frente a esta dieta. Y no solo debemos tener en cuenta nuestra reacción física, sino también la emocional. No olvidemos que cualquier contacto más estrecho con nosotros mismos puede traernos alguna que otra sorpresa, porque ¡estamos tan poco acostumbrados a escucharnos de verdad debido a la cantidad de estímulos a los que estamos sometidos constantemente!.

Bueno después de todo esto, solo me queda animaros a hacer un ayuno. Os puedo asegurar que es fantástica la sensación de libertad y ligereza tras unos cuantos días de descanso digestivo. De verdad, ¡adelante y disfrutad con vuestro cuerpo!.

 

© 2006-2001 LandSil