|
¡Tengo
miedo de pasar hambre!
Hay
otro miedo que surge cuando vamos a hacer un ayuno y es la idea
de sentir hambre y no poder
saciarla.
Puedo
garantizaros que esta sensación solo
se presenta durante el primer o segundo día y en momentos
muy esporádicos después, y la verdad es que se calma
más
fácilmente de lo que creemos.
También
hay que tener en cuenta que la sensación de hambre es
muy subjetiva y va a depender mucho de cómo la vivamos
cada uno de nosotros; a veces, incluso, es más la necesidad
de masticar que de apetito en sí.
De
todas maneras, como ya he dicho, hacer un ayuno es una decisión
libre y espontánea, por lo tanto, si la retirada de alimentos
se vive como una obligación, despierta hambre y sentimos
rechazo hacia lo que estamos haciendo, así es que: si
no lo tenemos claro o preferimos dejarlo, es mejor eso que
seguir conectando con el sufrimiento.
La
verdad es que cuando ayunamos nuestra fuente de energía
interna nos nutre totalmente, por lo tanto no debería
haber “hambre
corporal”. En los raros momentos en que aparece, un
vaso de agua o de zumo, soluciona el problema.
¿Nos
quedamos débiles?
Otra
de las dudas que me han planteado en muchas ocasiones, es si
durante los ayunos nos quedamos débiles
y con pocas energías para llevar a cabo nuestra vida normal.
Categóricamente, NO. Muy al contrario, precisamente
durante estos días, nuestro cuerpo se siente vital y agradecido.
Pero
como he dicho antes, y no me cansaré de repetir,
cada uno de nosotros formamos un microcosmos con sus propias leyes.
Puede ocurrir, que precisamente durante el ayuno, nos apetezca
dormir y descansar mucho más de lo habitual; pues bien,
seamos fieles a nosotros mismos, y descansemos. Como durante
el ayuno aprendemos
a escucharnos, dejemos que sea nuestro interior el que vaya marcando
el ritmo: si tenemos sueño, durmamos; si nos apetece movernos
o hacer deporte, hagámoslo. “Es decir, démonos
gusto al cuerpo”.
Lo
que si es cierto, es que la velocidad corporal se puede ver ralentizada
en aquellos que van muy aprisa y
viceversa. Pero, sentir debilidad, para nada. ¡Es estupendo,
de verdad! |