| Y
me miras, y tan diáfana es la sombra como los haces de luz
que abundan entre los niños que corren a carcajadas barrio
abajo. Cristales y cristalitos invertidos, revestidos, coloridos
y convergentes, con los que abres palabras a tu paso.
Yo,
absorta en el ojo de la mira, dejo que las formas bailen como rumberos
y que mañana los reflejos de la palma en el asfalto me traigan
desayuno y sabor a mar.
Esa
fue la perspectiva.
Y
eso fue aquello: Tus niños y mis bailes.
Ganas
de aire, subirme y no querer bajar, todo lo que sale de mi ombligo
y vuela. Soplar para desinflarme.
Un
caleidoscopio.
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