| En todas las esquinas de la isla habitan mis dedos como playas, y mi ilusión como alisio del Norte. En una esquina pueden apreciarse colmenas y un puesto de golosinas; y en la otra abundan peces con textura de algodón y un enorme árbol que presume de flores encaprichadas de eterno olor a primavera.
Más allá de las esquinas, en las cumbres, se presiente un silencio que refleja las almas en los volcanes, y unos volcanes con alma y de reflejo silencioso.
Por eso, si soy de fuego -porque soy de fuego- me llaman loca los extranjeros, y si soy de arena azabache y gorda que no se lleva el mar, me llaman loca todos los demás.
Donde rompen las olas: en las orillas, en las casas de puertas verdes, en los faros, en las barcas que se llaman "Virgen de la Candelaria" y en el vértice de mi recuerdo... allí, rompen también los límites del horizonte en una tarde anaranjada con olor a algas.
En todas las esquinas de mí misma habita una isla como monte de pino y retama, y otras islas imaginarias fabricadas de alisio que llegó del Norte y de un misterio salado en mitad del Océano. |