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Quizá
deba subir toda la montaña sin dejar un espacio entre mis
manos y el viento. Tengo tantas cosas que recoger en el camino...
Es decir, subiré la montaña porque las montañas,
como tú y como yo, estamos hechos para ser subidos, absorbiendo
con nuestra habilidad de escaladores inexpertos cada espacio entre
los matorrales y la roca, con un paso tan vertical como firme...
Tengo tantas cosas escritas en la memoria para recoger...ya sé
que luego resulta confuso el peso del propio cuerpo cargado de razones
e indiferencias, pero no puedo subir en esos términos, pasando
de largo, cerrando mis ojos ante la belleza escarpada de una altitud
tan alta como mía.
Quizá deba subir solo la mitad y luego detenerme en los recodos
a disfrutar de un paisaje...pero tú y yo sabemos que, alcanzada
la cumbre, con las cotas que superan la capa más pudorosa
de las nubes, la imagen te envuelve y ya no se recuerda nada anterior,
y mucho menos un minúsculo entremés que desvirtúa
de vértigo la subida...
Ah, es tan pretencioso, tan sentido en toda mi alma que sin ver
aún la dichosa montaña ya empiezo a sentir qué
es el viento en esta cara, en estos dedos, y empiezo a recoger indiferencias
y miedos para alterar más el orden natural de la física
y quedarme tan alta como mía...
Prometo cerrar los ojos al atravesar la primera ladera, y me propongo
mirar a los lados antes de cruzar por si acaso las aves, el sonido
díscolo de los misterios de los volcanes, yo qué sé...lo
haré para no volverme loca a pedazos... sino toda de golpe,
que es como de verdad merece la pena enloquecer...
Imagino qué locura tan grande el equilibrio desde la verticalidad,
desde este no saber a donde y hasta cuando, porque el cosmos de
los sentidos dará a esta noche tanta luz como estrellas con
los ojos bonitos cruzan nuestra ventana día a día,
y eso amor, eso enloquece hasta casi volverse una loca y reírse
de todo mientras se sube una montaña, se atraviesa un río
de una sola orilla o se consume todo el aire que cabe en una caricia
que nació en los labios.
Quizá suba dejando ese espacio, entre los dedos y el viento,
para llevármelo todo, incluido el viento...
Quizá amor, te mande una postal desde esa cumbre que no existe
más que en el mundo mítico de los seres horizontales,
que alcanzaron semejante estado tras vidas y muertes a base de subidas
en apariencia por montañas que después fueron colinas,
y luego caminos, y luego colinas y al final un rincón en
que solo cabe uno y ese uno consigo mismo...qué locura...
Nosotros y yo, que no somos más que amor desordenado y de
puerto de mar, buscamos la horizontalidad desde esta verticalidad
porque no hay otra...no hay otra. Quiero sentirme vertical como
se siente mi amor confuso, mi pasado de fotos, mi casa mi alma...pues
solo vertical podré subir, y a medida que el suelo disminuya
en la memoria, un cielo cada vez más amplio inundará
mi alma, con tanto frío polar como un sol que arrasa la piel,
como la montaña que ya diviso...
tan alta como mía.
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