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Narraciones Cortas
por Estefanía 8 de Abril de 2002
Hoy
Hoy llega a mí una brisa renovada y centrifugada. La apresaré y la esconderé en un rincón inhóspito, allí donde los corazones anhelantes yacen impasibles.
Me refresco la cara con gotas difuminadas de espejismos que consumen la plenitud de mi piel. Que se me despierten los poros ahora que tengo razones, y que me pretenda la vida entre los jardines de invierno porque allí estaré, entre las mejores flores: las que superan con creces la consternada silueta de la tormenta de hielos.
No me encontraré en otro lugar, porque no lo quiero.Secuencia de un impulso
La redondez ceremoniosa de tus mejillas invadió mis labios en forma de cosquilleo inquieto.
Me desprendí inconsciente de prejuicios y cronometrajes y me abalancé con un sonoro bocado en tu cálida cumbre del noroeste.
Y tú, con los ojos atónitos, el ceño fruncido y la lógica burlada, me aplicaste una bofetada sonorísima, de lado a lado, a lo Gilda. Universal y emocionante.
Y nos amamos para siempre.
Jamás te había visto.
Jamás te volví a ver.
La espera
Hubo una vez un tiempo en que te importó todo, incluso la sombra de la luz y el nombre que precede a todos los nombres.
Después hubo otro tiempo, y ya sólo te importó el tú que precede al yo nuestro de todos los días.
Y ahora, cuando al fin colgaste al tiempo por las orejas, deshojas importancias como quien respira a cada paso, y oteas la inmensidad del horizonte de una vez y para siempre.
Te vuelves hacia las palabras y te llevas contigo a las que entonces te correspondieron en el deseo de ser y que no te importara más en qué estación olvidaste sacar billete.
Y yo, que subo las escaleras de dos en tres, y que aún miro hacia los lados al acecho de otras importancias, por pura curiosidad coleccionista,
te observo.
Y de vez en cuando espero, con una dulzura de sendero en la mirada, que me muestres la sonrisa que todo lo sabe y que todo lo es.El camino vertical
Quizá deba subir toda la montaña sin dejar un espacio entre mis manos y el viento. Tengo tantas cosas que recoger en el camino...
Es decir, subiré la montaña porque las montañas, como tú y como yo, estamos hechos para ser subidos, absorbiendo con nuestra habilidad de escaladores inexpertos cada espacio entre los matorrales y la roca, con un paso tan vertical como firme...
Tengo tantas cosas escritas en la memoria para recoger...ya sé que luego resulta confuso el peso del propio cuerpo cargado de razones e indiferencias, pero no puedo subir en esos términos, pasando de largo, cerrando mis ojos ante la belleza escarpada de una altitud tan alta como mía.
Quizá deba subir solo la mitad y luego detenerme en los recodos a disfrutar de un paisaje...pero tú y yo sabemos que, alcanzada la cumbre, con las cotas que superan la capa más pudorosa de las nubes, la imagen te envuelve y ya no se recuerda nada anterior, y mucho menos un minúsculo entremés que desvirtúa de vértigo la subida...
Ah, es tan pretencioso, tan sentido en toda mi alma que sin ver aún la dichosa montaña ya empiezo a sentir qué es el viento en esta cara, en estos dedos, y empiezo a recoger indiferencias y miedos para alterar más el orden natural de la física y quedarme tan alta como mía...
Prometo cerrar los ojos al atravesar la primera ladera, y me propongo mirar a los lados antes de cruzar por si acaso las aves, el sonido díscolo de los misterios de los volcanes, yo qué sé...lo haré para no volverme loca a pedazos... sino toda de golpe, que es como de verdad merece la pena enloquecer...
Imagino qué locura tan grande el equilibrio desde la verticalidad, desde este no saber a donde y hasta cuando, porque el cosmos de los sentidos dará a esta noche tanta luz como estrellas con los ojos bonitos cruzan nuestra ventana día a día, y eso amor, eso enloquece hasta casi volverse una loca y reírse de todo mientras se sube una montaña, se atraviesa un río de una sola orilla o se consume todo el aire que cabe en una caricia que nació en los labios.
Quizá suba dejando ese espacio, entre los dedos y el viento, para llevármelo todo, incluido el viento...
Quizá amor, te mande una postal desde esa cumbre que no existe más que en el mundo mítico de los seres horizontales, que alcanzaron semejante estado tras vidas y muertes a base de subidas en apariencia por montañas que después fueron colinas, y luego caminos, y luego colinas y al final un rincón en que solo cabe uno y ese uno consigo mismo...qué locura...
Nosotros y yo, que no somos más que amor desordenado y de puerto de mar, buscamos la horizontalidad desde esta verticalidad porque no hay otra...no hay otra. Quiero sentirme vertical como se siente mi amor confuso, mi pasado de fotos, mi casa mi alma...pues solo vertical podré subir, y a medida que el suelo disminuya en la memoria, un cielo cada vez más amplio inundará mi alma, con tanto frío polar como un sol que arrasa la piel, como la montaña que ya diviso...
tan alta como mía.
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