| Somnoliento
pienso que salto y vuelo por encima de mi respiración y peso
menos que ella, aguanto y sigo sin ningún cansancio o dificultad.
Me
siento que soy ese hombre pájaro de la isla de Pentecostés
que salta desde 25 metros al suelo, o un saltador de los riscos
de una costa mejicana.
Pero
voy mas allá, yo no caigo, no siento la velocidad de la tierra
o el agua acercándose, antes al contrario, tengo la capacidad
de dirigir mis movimientos a golpe de pensamiento y más parezco
un águila aprovechando las corrientes de aire para elevarse
sin necesidad de batir las alas. Yo mismo quedo absorto de mi propia
capacidad, como el niño que pasa a joven adolescente y se
encuentra con una capacidad que creía no poseer y salta y
corre más de lo que pensaba. Al mismo tiempo, me extraño
de mi propia incredulidad debido a la facilidad de mi acto. Yo,
en ningún caso temo la caída y me siento como Pegaso
luchando contra Quimera. Es algo que asusta, sin lugar a dudas,
pero al mismo tiempo tiene el doble valor de la prueba y la seguridad
en lo inexplorado.
|