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percusión ha supuesto y supone para mi una cuestión
de desarrollo personal, ya que ha conectado con partes de mí
que he tenido que trabajar. Aunque parezca paradójico, yo
elegí por vocación una profesión que me encantaba
y a la vez me enfrentaba con muchos miedos.
Tocar
un instrumento con el que has de improvisar, crear, y mostrar, en
definitiva, lo que tienes dentro, te hace sentirte muy expuesto.
El miedo a salirse de un patrón rítmico, de hacer
algo propio, es arriesgarse a mostrar algo tuyo, y cuando las personas
no están muy claras en cuanto a lo que valen o a lo que son,
tienden a bloquearse en su experiencia creativa. Nada tiene que
ver con la técnica, la lectura o con los aspectos más
académicos de la música, que son obtenidos con estudio
y perseverancia, sino con la conexión y expresión
de lo profundo.
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| djembé |
bongos |
Hay
que poder jugar, experimentar, recuperar la espontaneidad a veces
olvidada, y el hecho de tocar ciertos instrumentos de percusión
(tambores sobre todo), que son técnicamente más agradecidos
que un trombón de varas, puede acercar a personas no familiarizadas
con la música, a experiencias creativas muy gratificantes.
Ésta permite, además, un desarrollo de la coordinación
y la lateralidad, así como una canalización del estrés
y la agresividad hacia fines lúdicos y creativos.
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